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sábado, 25 de noviembre de 2017

PAPA FRANCISCO ESTABLECE 9 ASPECTOS ESENCIALES PARA LA NULIDAD MATRIMONIAL


Nulidad matrimonial: El Papa establece 9 aspectos esenciales para labor de obispos
Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa




VATICANO, 25 Nov. 17 / 07:23 am (ACI).- El Papa Francisco estableció lo que ha considerado como 9 aspectos determinantes en la labor del Obispo diocesano en el proceso breve de nulidad matrimonial, según lo establecido por él mismo en los motu proprio “Mitis Iudex Dominus Iesus” y “Mitis et misericors Iesus” publicados hace dos años.

El Santo Padre realizó estas indicaciones durante la audiencia concedida en el Palacio Apostólico del Vaticano a los clérigos y laicos participantes en el curso “El nuevo proceso matrimonial y el procedimiento super rato”, promovido por el Tribunal de la Rota Romana.

En su discurso, el Papa precisó “definitivamente”, algunos aspectos fundamentales de los dos Motu proprio, “en particular en lo que se refiere a la figura del Obispo diocesano como juez personal y único en el proceso breve”.

En la reforma del proceso de nulidad matrimonial establecida por el Pontífice en septiembre de 2015, una de las novedades fue la de darle a los obispos la potestad de decidir directamente cuando los casos de nulidad son “particularmente evidentes”. El Papa también decidió que el proceso de nulidad sea gratuito.

En su discurso de hoy, Francisco dijo: “Desde siempre, el Obispo diocesano es Iudes unum el ídem Vicario iudiciali, pero debido a que tal principio se viene interpretando de manera excluyente al ejercicio personal del Obispo diocesano, delegando casi todo a los Tribunales, establezco a continuación lo que considero determinante y exclusivo en el ejercicio personal del Obispo diocesano juez”:

1.- “El Obispo diocesano, en virtud de su oficio pastoral es juez personal y único en el proceso breve”.

2.- “Por lo tanto, la figura del Obispo-diocesano-juez es el arquitrabe, el principio constitutivo y el elemento discriminante de todo el proceso breve establecido en los dos Motu proprio”.


3.- “En el proceso breve se reclaman, ad validitatem, dos condiciones inseparables: el episcopado y el ser cabeza de una comunidad diocesana de fieles. Si falta una de las dos condiciones, el proceso breve no podrá tener lugar. La instancia debe ser juzgada con el proceso ordinario”.

4.- “La competencia exclusiva y personal del Obispo diocesano, situada en los criterios fundamentales del proceso breve, hace referencia directa a la eclesiología del Vaticano II, que nos recuerda que solo el Obispos tiene ya, en la consagración, la plenitud de toda la potestad que es ad actum expedita, por medio de la misio canonica”.

5.- “El proceso breve no es una opción que el Obispo diocesano pueda escoger, sino que es una obligación que proviene de su consagración y de la misio recibida. Él es competente exclusivo en las tres fases del proceso breve”:

·         “La instancia va siempre dirigida al Obispo diocesano”.

·         “La instrucción, como ya afirmé en el discurso del 12 de mayo del año pasado ante el Curso de la Rota Romana, el Obispo la dirige ‘siempre asistido por el Vicario judicial y otro instructor, también laico, del asesor, y siempre presente el defensor del vínculo’. Si el Obispo estuviese desprovisto de clérigo o laicos canonistas, la caridad, que caracteriza el oficio episcopal, de un Obispo cercano podrá ayudarlo durante el tiempo necesario. También recuerdo que el proceso breve debe cerrarse normalmente en una sola sesión, reclamándose como condición imprescindible la absoluta evidencia de los hechos que demuestren la presunta nulidad del matrimonio, además del consentimiento de los dos cónyuges”.

·         “La decisión de pronunciar coram Domino es siempre y exclusiva del Obispo diocesano”.

6.- “Confiar todo el proceso breve al tribunal interdiocesano podría desnaturalizar o reducir la figura del Obispo –padre, cabeza y juez de sus hijos– a mero firmante de la sentencia”.

7.- “La misericordia es uno de los criterios fundamentales que aseguran la salus, reclama que el Obispo diocesano actúe cuando prima el proceso breve, en el caso de que no se considere preparado en el presente para implementarlo, debe posponer el caso para el juicio ordinario, el cual deberá llevarse a cabo con la debida solicitud”.

8.- “La proximidad y la gratuidad, como lo he señalado en varias ocasiones, son las dos perlas que necesitan los pobres, que la Iglesia debe amar por encima de cualquier cosa”.

9.- “En cuanto a la competencia, sobre la apelación contra la sentencia afirmativa en el proceso breve del Metropolita o del Obispo indicado en el nuevo can. 1687, se precisa que la nueva ley ha otorgado al Decano de la Rota una potestas decidendi nueva y por lo tanto constitutiva sobre el rechazo o la admisión de la apelación”.

Tras precisar el punto 9, el Papa Francisco resaltó: “En definitiva, me gustaría afirmar con claridad aquello en lo que puede actuar sin necesidad de pedir permiso o autorización a otra Institución o a la Signatura Apostólica”, que es el tribunal que podría considerarse como la “Corte Suprema” del Vaticano.  


Expresión del modelo sinodal

El Pontífice indicó que es importante ofrecer una especial atención y un análisis adecuado a los dos motu proprio para “aplicar los nuevos procedimientos que en ellos se establecen”.

Señaló que estos dos documentos “son expresión de un modelo sinodal”, algo especialmente interesante, pues, en su valoración, “es importante que la Iglesia recupere la práctica sinodal de la primera comunidad de Jerusalén, donde Pedro junto con los demás Apóstoles y con toda la comunidad bajo la acción del Espíritu Santo, buscaban actuar de acuerdo al mandamiento del Señor Jesús”.

El Papa también alentó a los participantes a ser “leales colaboradores de su Obispo, al cual las nuevas normas reconocen un papel determinante, sobre todo en el proceso breve, en cuanto que es el ‘juez natural’ de la Iglesia particular”.

“En su servicio están llamados a ser cercanos ante la soledad y el sufrimiento de los fieles que buscan en la justicia eclesial la ayuda competente para poder encontrar la paz de sus conciencias y la voluntad de Dios sobre la readmisión en la Eucaristía”.

El Papa Francisco subrayó que es función de la Iglesia “acoger y curar al que está herido, de diversa consideración, por la vida. Al mismo tiempo, es un recordatorio del compromiso de defender la sacralidad del vínculo matrimonial”.

miércoles, 9 de agosto de 2017

DECÁLOGO DEL MATRIMONIO FELIZ



Decálogo del Matrimonio Feliz




Nunca estéis enfadados los dos a la vez.

No os gritéis jamás, a no ser que la casa se incendie.

Si uno de los dos debe ganar una discusión, deja que sea el otro.

Si tienes que criticar, hazlo con amor y delicadeza.

Nunca menciones errores del pasado.

Olvídate del mundo entero antes que de tu pareja.

Nunca os vayáis a dormir sin haber hecho las paces por una discusión.

Al menos una vez al día, hazle un comentario amable o ten un gesto de amor.

Cuando te hayas equivocado, admítelo y pide perdón. Si se equivoca, perdónale.
Se necesitan dos para una pelea, y quien no tiene la razón es normalmente el que más habla.

LOS SIETE SECRETOS DE UN AMOR PARA TODA LA VIDA


Los siete secretos de un amor para toda la vida
La vida matrimonial está llena de momentos para construirla con mayor solidez, a través de una amplia variedad de detalles y manifestaciones de amor.


Por: Carlota de Barcino | Fuente: Mujer Nueva 





Cuando Bartolomé habla de Maria Luisa, la más tierna de sus sonrisas ilumina su rostro. No hay mujer más elegante, atractiva, buena y hermosa que su esposa. Y no puede imaginar un viaje de negocios sin su compañía: ella es su mejor “relaciones públicas”, animada conversadora en cualquier idioma, sensible y delicada con los compañeros de trabajo de su marido, y con sus esposas. De hecho, no recuerda un solo viaje en que no hayan sido generosamente agasajados por sus anfitriones con una entrañable cena familiar.

Bartolomé refleja en su mirada que el matrimonio ha llenado su vida con todo lo que una persona podría desear. Se siente seguro, realizado, y es siempre un placer programar sus viajes y momentos a solas con su mujer.

Ella lo sabe todo sobre él; y él conoce hasta los más íntimos sentimientos de ella. De vez en cuando discuten, pero saben cómo reconciliarse. Es un ejercicio que sale casi de manera natural. En realidad, Maria Luisa y Bartolomé no están en su fase de “luna de miel”. Cuarenta años de matrimonio, cuatro hijos y cinco nietos no han hecho más que consolidar su amor. Se conocieron siendo muy jóvenes, y desde entonces están profundamente enamorados.

Está claro que Maria Luisa y Bartolomé, al igual que muchas parejas que conocemos, han logrado la felicidad en el matrimonio: su amor es para toda la vida. Han comprendido que una relación satisfactoria y duradera no sucede al azar, sino que la vida matrimonial está llena de momentos para construirla con mayor solidez, a través de una amplia variedad de detalles y manifestaciones de amor.

Los Secretos de un amor profundo, tierno y duradero

Busca siempre el segundo lugar

“Poner al otro por encima de uno mismo”. Muchos de los matrimonios que se rompen lo hacen por no vivir esta sencilla máxima. El egoísmo no funciona en un matrimonio. A menudo las parejas son más egoístas entre sí que con sus amigos. Se preocupan por estar al tanto de los éxitos y acontecimientos en la vida de sus amigos, por buscar áreas de interés común, y ceder para evitar romper una amistad. Y sin embargo, no ponen la misma energía cuando se trata de la relación con su esposo/a.

Los mejores matrimonios son aquellos en los que rige el principio de dar en lugar de recibir, donde los esposos colocan las necesidades, aspiraciones, esperanzas y sueños de su pareja por delante de los propios.

Si uno de los dos pone en práctica este principio con constancia, es altamente probable que el otro responda de manera recíproca y espontánea con el mismo amor, cariño, entrega y consideración.

Sé generoso en tus halagos

Al menos una vez al día, busca algo positivo que decir a tu esposo/a. Siempre puedes encontrar en la otra persona algo que sea noble, correcto, puro, amable, admirable, excelente o digno de ser alabado. Piensa en estas cosas, pon atención a lo largo del día. Para asegurar un amor para toda la vida, debes ser el “fan número uno” de tu esposo/a.

Samuel Johnson escribió en el s. XVIII: “El aplauso de un solo ser humano tiene grandes consecuencias en la vida de una persona”. El famoso psicólogo John Gottman, que estudió a 2.000 matrimonios, afirma que por cada comentario o acción negativa se precisan al menos cinco positivas que las puedan contrarrestar, para que el amor de la pareja se mantenga fresco. Gottman recomienda todos los piropos, sonrisas y manifestaciones de ternura posibles, al tiempo que advierte contra la crítica, el rencor y las actitudes defensivas.

Así pues, halaga a tu esposo/a por todo aquello que es admirable en él / ella. Si es honrado/a, dile cuánto te agrada que lo sea; si es fiel, explícale lo maravilloso que es poder contar siempre con él/ella; si es dependiente o inseguro/a, dile lo bien que te sientes pudiendo apoyarle y sintiendo cuánto cuenta tu opinión; y si está muy seguro/a de sí mismo/a, puedes expresar la seguridad que esa virtud te aporta también a ti.

En tiempos de crisis, sed uno solo

Nada une más a unos esposos que permanecer unidos en tiempos de crisis. El psicólogo Paul Pearsall, autor de “Laws of Lasting Love” describe cómo la fortaleza de su esposa, siempre a su lado durante el tiempo en que se enfrentó a un terrible cáncer, le ayudó a superar los fatalistas pronósticos de sus doctores. Pearsall relata cómo su mujer le agarró con fuerza y le llevó de un médico a otro hasta que dieron con uno que pudo salvar su vida: “éramos uno solo; nos movíamos a un tiempo, con la esperanza de encontrar un doctor que no confundiera el diagnóstico con un veredicto. Nunca habría podido caminar a mi curación por mí mismo”.

Otro caso muy conocido es el del actor Christopher Reeves. Una caída mientras cabalgaba produjo al protagonista de “Superman” una paraplejia irreversible. El libro escrito por su esposa, “Still Me”, ha batido record de ventas narrando cómo su matrimonio alcanzó plenitud a partir de ese momento. La fortaleza de esta mujer y su apoyo incondicional sostienen la voluntad de su marido por seguir viviendo. Y ambos han sido capaces de encontrar la felicidad permaneciendo unidos ante las dificultades más terribles.

Pasad mucho tiempo juntos

Es un mito que las parejas felices tienen vidas, intereses y actividades independientes. Para escribir su libro “Lucky in Love: The Secrets of Happy Couples and How Their Marriages Thrive”, la psicóloga Catherine Johnson entrevistó matrimonios de todos los Estados Unidos que llevan casados entre 7 y 55 años. Más de la mitad describieron su matrimonio como “muy feliz”.

Johnson se dio cuenta de que una característica común a todas las parejas felices era que pasaban bastante tiempo juntos, a pesar de no compartir los mismos intereses. En su opinión, la idea de que “es esencial mantener identidades separadas” es errónea. Estas parejas supieron encontrar una “identidad compartida”. A lo largo del tiempo, habían dejado de sentirse “individuos” y se sentían “casados” en lo más profundo de su corazón. Si este proceso no se da, el matrimonio tendrá problemas.

Cree siempre lo mejor, y no lo peor, de tu esposo/a

Seguramente habrán oído en alguna celebración religiosa del matrimonio, la famosa lectura que termina con la frase: “El amor todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.

Éstas son las pautas para creer siempre lo mejor del otro.

Lamentablemente, muchas parejas despojan a su relación de toda alegría, esperanza y amor, simplemente porque olvidan los aspectos positivos de su pareja y ven sólo lo negativo. Y esto tiene terribles consecuencias en el matrimonio.

El escritor John Powell indica acertadamente: “Son las actitudes las que hacen que una misma experiencia sea agradable o dolorosa”. En el matrimonio también sucede así: es necesario mantener una actitud positiva hacia la pareja, educando los ojos y la mente para encontrar lo positivo que tiene incluso el rasgo que menos agradable nos resulta:

Si crees que tu esposa es “chismosa”, dale a ese rasgo la característica de una cualidad: es sociable, abierta y expresiva, y sus comentarios nunca son hirientes.

Si sientes que tu esposo habla demasiado, trata de ver que podría ser introvertido, huraño y difícil de trato. Y de esta manera, siempre sabes cómo piensa y se siente.

Si crees que tu pareja es demasiado “seria y aburrida”, trata de agradecer que siempre dará a las cosas el peso y la importancia que merecen, que ponderará lo que dice y hace, evitando malos entendidos y discusiones impulsivas.

Si te parece que el otro es “demasiado débil y no sabe decir que no”, valora su buen carácter, su amabilidad, su capacidad de comprender y ayudar a los demás.

En lugar de calificar a tu esposo como “demasiado estricto”, seguro que puedes describirlo también como disciplinado, maduro, reflexivo y fiel a sus principios.

Además de “excesivamente extrovertida”, es muy probable que tu mujer sea a la vez vitalista, positiva, entusiasta y alegre.

Expresa tu amor frecuentemente y con creatividad

“Hola, cariño. Sólo te escribo esta notita para que sepas cuánto te quiero y te echo de menos. ¡Date prisa en volver junto a mí!”.

Jennifer sonríe cada vez que lee ese papelito doblado que ha guardado durante meses en su bolso. Durante sus siete años de matrimonio, se ha visto obligada a viajar mucho por su trabajo en una empresa consultora. Cuando llega a un hotel, se siente sola y desanimada. Pero William lo sabe y ha logrado suavizar esos sentimientos mostrándole su amor de mil maneras distintas. Ella sonríe y se ilumina su expresión cuando recuerda los divertidos detalles de su marido: cartas escondidas en su maleta, postales, poesías, regalitos, fotos y hasta galletas, su chocolate favorito o unos caramelos... “Me siento como en casa cuando descubro sus detalles: todo me recuerda cuánto me ama, y me ayuda a seguir adelante a pesar de echarle tanto de menos”.

Piensa tú también en qué forma especial e inesperada puedes sorprender a tu esposo/a, recordándole que es lo más importante de tu vida.

Haz de vuestro matrimonio tu prioridad

La psicóloga Judith Wallerstein, en un estudio sobre 50 matrimonios felices, destaca que todos ellos declararon que construir un matrimonio sólido y duradero había sido el compromiso más importante de toda su vida de adultos. Es un gran consejo para asegurar un amor para toda la vida.

sábado, 29 de julio de 2017

9 COSAS QUE ME HUBIERA GUSTADO SABER ANTES DE CASARME


9 cosas que me hubiera gustado saber antes de casarme
Enumero las 9 verdades sobre la vida conyugal


Por: Andrés D' Angelo | Fuente: Catholic-link.com 



El 7 de noviembre, solemnidad de María Medianera de todas las Gracias, cumpliremoss con mi esposa 19 años de casados. 19 bellísimos años que no cambiaría por ninguna otra etapa de mi vida. Hoy puedo decir que han sido años de paz y armonía conyugal, pero no una paz de cementerio, sino una paz de familia, es decir, una paz conquistada a fuerza de lucha, por paradójico que pueda sonar. No fue fácil, porque justamente esta armonía conyugal, que es parte de la santificación del matrimonio, es uno de los frutos del sacramento.
Y es que el matrimonio es un sacramento “raro”. En todos los demás los elementos constituyentes son claros y distintos. En éste, los contrayentes son al mismo tiempo materia, ministros y beneficiarios, y el consentimiento libre es la forma. Por más que el catecismo lo explique de todos los modos posibles, el matrimonio es una de esas cosas que hay que vivirlas para poder entenderlas bien.
Particularmente me hubiera gustado que alguien me explicara todo esto con mayor profundidad cuando me casé. Por eso a continuación enumero las 9 verdades sobre la vida conyugal que quisiera haber comprendido mejor antes de casarme

1. No existe un plan B. El matrimonio es para toda la vida.

En el curso prematrimonial esto parece quedar siempre claro. Desde toda la vida había tenido buenos ejemplos: mis padres se amaron y se respetaron en salud y enfermedad, en prosperidad y en adversidad. Siendo el menor de doce hermanos, me consideraba “inmune” al espíritu de la época: “a mí no me va a pasar” sostenía, porque amaba a esa mujercita que se había metido en mi vida como nunca había amado a nadie. No solo hay que saber la verdad, también hay que comprenderla y amarla. Y por solo saber, y faltarme la comprensión y el amor a la Verdad, me encontré en medio de una crisis conyugal preguntándome “si no me habría equivocado al casarme”. Inevitablemente eso lleva a pensar “si no habría una compañera más adecuada”, y de allí a despreciar a la bellísima persona que Dios puso a mi lado para mi santificación hay un solo paso. El matrimonio es para toda la vida, y lo que lo hace una aventura maravillosa es precisamente ese mandato de uno con una para toda la vida.Cuando esto está claro, las crisis conyugales se convierten siempre en oportunidades para crecer juntos.

2. El matrimonio no se trata de mi felicidad.

Esta es una verdad clave y no la aprendemos hasta mucho después de habernos casado. Especialmente los hombres. Muchas parejas al preguntarles en forma individual para qué se casaron contestan casi unánimemente: “me casé para ser feliz”.Pero el matrimonio no es una caja mágica de la que podemos extraer felicidad: no habría divorcios si fuera algo así. El matrimonio se trata precisamente de buscar, con todas mis fuerzas, la felicidad de mi cónyuge. Mi felicidad tiene que basarse en ver feliz a las personas amadas: esposa e hijos. Una vez que se comprende esto y que esto se convierte en el eje de la relación, el matrimonio florece y podemos comenzar a ver los frutos del sacramento.

3. La comunicación es más efectiva que el silencio, siempre.

Tal vez habría que reformular esta verdad: el silencio es comunicación. El silencio generalmente comunica hostilidad, desinterés y mala predisposición, y eso mata a la relación casi indefectiblemente. El problema es que hay aquí un desfase en el modo en el que manejamos la comunicación hombres y mujeres cuando estamos estresados. Cuando una mujer está estresada necesita desesperadamente hablar; pero cuando un hombre está estresado, lo que menos necesita en la vida es hablar del estrés que lo aqueja. Y esta sencilla diferencia hace que muchísimas veces nuestras esposas perciban nuestro silencio como hostilidad, o que nosotros percibamos la necesidad de hablar femenina como una amenaza. Enseñanza: si mi esposa está estresada yo la escucho sin corregirla y sin querer resolver sus conflictos. El solo hecho de poder hablar y contarme sus problemas le ayuda a resolverlos. Y si yo estoy estresado, ella me deja que me tranquilice y, luego yo mismo la busco para poder comunicarnos.

4. Servir me beneficia.

Otra gran maravillosa verdad: el matrimonio es una comunidad de servicio. Si yo sirvo a mi esposa y mi esposa me sirve a mí, todos salimos beneficiados. Los hombres no comprendemos muchas veces esto porque vemos que nuestra mujer sirve casi instintivamente y nosotros… bueno, nos queda bastante cómoda esa situación. Y aquí fallamos en la comunicación, porque nuestras queridas esposas muchas veces creen que si ellas siguen dando en la relación, nosotros nos daremos cuenta y querremos dar al mismo tiempo. Generalmente no funciona así. Dos cosas me ayudaron a comprender esta verdad: la primera que mi esposa me lo dijo, no usó el mejor tono para decírmelo, pero me lo dijo, y hasta ese momento yo no me había percatado de todo lo que hacía ella y de todo lo que yo no hacía. La segunda fue el nacimiento de nuestros hijos. En el momento en el que comencé a servirla porque ella estaba con el postoperatorio de la cesárea me di cuenta de que hay una gran verdad en el dicho de Nuestro Señor: “Hay mayor felicidad en dar que en recibir” (Hch 20, 35). Pero es una verdad que tenemos que recordar a diario y ofrecernos a nuestra esposa en una actitud servicial.

5. El conflicto no es señal de que seamos una pareja disfuncional.

Y diría que la contraria es válida: la falta absoluta de conflicto es señal de que “nos rendimos”. Un matrimonio que discute es un matrimonio que tiene dos personas con igual dignidad vivas, y por lo tanto, muchas veces con diferencias de criterio y opinión. Como dije al principio: la vida es lucha y la paz completa existe probablemente solo en el cementerio. Un matrimonio totalmente carente de conflictos está en proceso de muerte. Esto no quiere decir que tengamos que buscar el conflicto para que nuestro matrimonio “reviva”. Solamente tenemos que ser conscientes de que somos humanos falibles y por lo tanto en algún momento va a surgir el conflicto. Y cuando el conflicto surge, podremos tomarlo como oportunidad para aprender más, y para ser más caritativos como pareja.

6. Para un matrimonio fructífero se necesita de tres: Dios, tú y yo.

¿Dije ya que el matrimonio era un sacramento? ¡Y los sacramentos son signos eficaces de la gracia! Este se debe renovar todos los días, pero no solo ante nuestro cónyuge. Se debe renovar la promesa ante Dios para que su gracia actúe. Y ¿cómo renovamos la promesa? Haciendo cada una de estas cosas que hemos estado viendo: reconociendo que es para siempre, poniendo primero a nuestro cónyuge, poniéndonos en lugar del otro para comunicarnos, sirviéndonos mutuamente y teniendo presente que todo conflicto es una oportunidad de Dios para nuestra santificación personal. Todo eso es posible sólo si Dios es un invitado frecuente en nuestro matrimonio. Rezando juntos y con los hijos, participando de la Santa Misa y acogiéndonos al perdón de Dios cuando las cosas no fueron conforme a su Plan para nuestra vida.

7. Los hijos son un regalo y una encomienda de Dios.

¡Vaya si lo sabremos! Nuestra primera hija murió al día siguiente de nacer. “El Señor me la dio, el Señor me la quitó, bendito sea el nombre del Señor” (Jb 1,21). Pero una cosa es decirlo y otra cosa es pasarlo. Nuestra misión en la vida es que nuestros hijos sean santos, ni más ni menos. Esa es nuestra misión como padres y con nuestra primera hija, cumplimos. Luego llegaron los consuelos de Tomás, Matías y Francisco que deberán hacer el “camino largo”. Nuestro único asidero a la cordura luego del fallecimiento de Cecilia fue saber que ella ya era santa y feliz, infinitamente más feliz que lo que nosotros hubiésemos podido hacerla en cualquier circunstancia. ¿Y qué pasa con los matrimonios que no reciben ese regalo? ¡Pueden recibir la encomienda!… ya sea para santificar a los hijos de otros, mediante la adopción, o siendo un matrimonio lleno de fruto ayudando en su parroquia o movimiento eclesial.

8. Un buen matrimonio es la unión de dos buenos perdonadores.

Aquel que no perdona en el matrimonio es como aquel que toma veneno y espera que el otro se muera. ¿Verdad que no tiene mucho sentido? Para pedir perdón tenemos que ser muy humildes, y para perdonar tenemos que ser misericordiosos. “Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6, 36). Y esto es profundamente cierto en el matrimonio. “Perdónanos, como nosotros perdonamos”¡No podemos pedir perdón a Dios si no estamos dispuestos a perdonar a nuestro cónyuge! Cuando nos perdonamos y expresamos ese perdón mediante la reconciliación también estamos enseñando a nuestros hijos a ser humildes y misericordiosos.

9. El matrimonio ofrece la posibilidad de máxima realización personal.

No se dice mucho esto. Pero la realidad es que el matrimonio es ¡sensacional! “Dios nos crea a Imagen y semejanza suya, varón y mujer nos crea” (Gn 1,27). Y es lógico que en nuestra naturaleza busquemos nuestro complemento. “Tú me completas” es un piropo muy frecuente, porque es una verdad intuida. En el matrimonio podemos encontrar esa sensación de plenitud personal de que todo lo nuestro está en plena armonía. Tertuliano lo resumía así: ¿Cómo podré expresar la felicidad de aquel matrimonio que ha sido contraído ante la Iglesia, reforzado por la oblación eucarística, sellado por la bendición, anunciado por los ángeles y ratificado por el Padre? (Ad Uxorem, 9). Todo esto enmarcado en una gran verdad: para ser plenos hay que entregarse, y para entregarse hay que poseerse, hay que ser dueño de uno mismo, y eso no es una cosa que se compre en los mercados, exige una madurez y un equilibrio que cuesta mucho tiempo y oración conseguir.

lunes, 29 de mayo de 2017

23 CONSEJOS A LOS MATRIMONIOS QUE QUIEREN SER SANTOS


23 Consejos a los matrimonios que quieren ser santos
En primer lugar tomad conciencia de que el Santo Matrimonio no es cosa vuestra


Por: Padre Francisco Javier Domínguez | Fuente: http://www.adelantelafe.com 




De la Carta del Apóstol San Pablo a los romanos (12,9-12): Que vuestra Caridad no sea una farsa; aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo. En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres; estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración.

1.- En primer lugar tomad conciencia de que el Santo Matrimonio no es cosa vuestra. Es Dios el que os necesita unidos para hacer un gran bien en este mundo. Es Dios el que cuenta con cada uno de vosotros y por ello nunca os faltará su gracia para vivirlo conforme a los planes que Dios tenga para vosotros. No sois dos, sois tres. Y Dios es el centro. Siempre que lo quitéis del centro, el mundo se pondrá en su lugar y vuestro Santo Matrimonio peligrará.
 
2.- El contraer Matrimonio es una llamada que Dios os hace a la SANTIDAD. Es decir, una gran responsabilidad. Tenéis que ser desde vuestro matrimonio luz del mundo y sal para la tierra. Vuestro mundo y vuestra tierra en primerísimo lugar será vuestro hogar, los hijos… Los que se acerquen a vuestro hogar tienen que llevarse la luz de Dios, vuestra oración, el amor, el perdón… Tenéis que ser TESTIGOS de Cristo muerto y resucitado.
 
3.- Para ser un matrimonio Santo es importantísimo que seáis un hombre y una mujer de oración, personas profundamente metidas en el Corazón de Cristo. Y personas profundamente acostumbradas al sacrificio, a la abnegación, al saber bajar la cabeza, saber ceder por el otro, saber bajar la cabeza por que haya paz en el hogar. Evitar siempre la división del hogar. El demonio siempre quiere cargarse la unidad familiar, por ello luchad por ella con uñas y dientes.
 
4.- Sed muy transparentes el uno con el otro, no guardaros nada. Todos somos humanos e imperfectos. Nunca escandalizaros por las meteduras de pata que ha podido hacer el otro. En las mismas circunstancias cualquiera podría haber caído también. Hay que saber perdonar y esperar. Cada uno tiene su tiempo de maduración, de darse cuenta de las cosas. Hay que tener MISERICORDIA ante las pobrezas del otro. Por ello NO TARDAR en buscar un padre espiritual para vuestro matrimonio, un sacerdote de buena doctrina que os ayude a crecer, a madurar y a ser mejores cristianos; y que lo tengáis disponible para confesaros en cualquier momento que lo necesitéis.
 
5.- Ponte muchas veces en el lugar del otro. No pienses solo en ti. Piensa en las necesidades del otro antes que en las tuyas. Cada uno tiene que ser el último para que el matrimonio sea feliz. Y estad siempre dispuestos a cargar con las cargas del otro.
 
6.- Confesaros con un sacerdote como muy tarde una vez al mes, y si podéis todas las semanas mucho mejor. En la Confesión Dios derrama una gracia muy especial y da os da luz y fuerza para caminar por el bien.
 
7.- Compartid juntos un paseo, una película en el cine, una cena, una conversación… Pero solos. Cuando tengáis hijos dejadlos de vez en cuando con los abuelos o con unos buenos amigos. Tened tiempo para vosotros. Interesaos por vuestras cosas. Vuestras luchas, vuestras ilusiones, vuestros sufrimientos, vuestras alegrías… es muy importantes que las compartáis. En el matrimonio hay que hablar mucho. Cuando se deja de hablar de lo que llevamos dentro el amor se debilita. En cambio la ilusión por sorprender al otro, por saber que le gusta, que le ocurre… Es buena tierra para un Matrimonio Santo.
 
8.- Estad muy unidos por la fe. Y nuestra fe se alimenta de muchas maneras, pero especialmente en la Santa Misa Dominical. No faltéis nunca juntos a la Santa Misa, y sentaros juntos. No haced como esos matrimonios que ya no se quieren y se sientan cada uno en una esquina de la iglesia. Vosotros juntos. Para juntos alimentaros de la Palabra y de la Eucaristía.
 
9.- Todas las mañanas de rodillas ante Dios, haced la señal de la Cruz y poned vuestra familia bajo la protección de la Trinidad Santísima. Besad el suelo y decid: Serviam (Te serviré Señor). Haced el ofrecimiento de obras. Y pedid el auxilio de la Virgen y el acompañamiento de vuestros ángeles de la guarda. Poneros agua bendita.
 
10.- Que no haya una noche que os vayáis a la cama sin daros un beso, hacer examen de conciencia y rezar tres Ave María en Cruz que son prenda de salvación eterna y además lo ofrecéis por la Pureza, la conversión de los pecadores y la Salvación del mundo. Y no os vayáis nunca a dormir enfadados. Antes de ir a dormir todos en el hogar deben estar Reconciliados y en la Paz del amor. Rociad la cama y vuestras frentes con agua bendita.
 
11.- Es muy importante que al menos una vez a la semana vayáis juntos al Sagrario, y allí de rodillas frente al Señor, postrados ante Dios, pedid que se fortalezca vuestro matrimonio, pedidle perdón por si no le estáis dando toda la gloria que tenéis que darle con vuestra unión, encomendad a vuestros hijos, a vuestras familias… Y terminad con esta oración: Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo.Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman. Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la Conversión de los pobres pecadores. Te pido en especial: Por el Papa y sus intenciones, por nuestro Obispo y sus intenciones, por todos los hogares de Marismillas, por nuestro párroco y sus intenciones…Y tras rezar un ratito, llevaros vuestros nuevos testamentos (de la misma edición) y leed al menos un capitulo abierto al azar.
 
12.- Todos los Domingos al atardecer ante un pequeño altar en vuestro hogar donde haya una Biblia, un Crucifijo, Agua Bendita y una fotografía de la Virgen, haced vuestra consagración y la de toda la familia al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María. Invocad al Espíritu Santo sobre vuestro hogar. Y pedid la protección de la Santísima Trinidad sobre vuestra familia. Los sábados rezad juntos frente a la fotografía de la Virgen una Salve.
 
13.- Cada día rezad del Santo Rosario en familia. Este será el arma más poderosa para vuestro matrimonio y vuestra familia. El demonio os tentará con mil líos, problemas, cansancio… Pero ahí os lo jugáis todo. Aunque sea un solo misterio, ni un día desde que os caséis dejad de rezar el Santo Rosario.
 
14.- Recordad que lo más importante en el hogar es la unión del matrimonio. Si vosotros no os queréis vuestros hijos no serán felices, si vosotros no os perdonáis vuestro hijos no serán felices…Vuestros hijos tienen que ver que os amáis, que os dais un abrazo de vez en cuando, que tenéis palabras de respeto y cariño entre ustedes, que os preocupáis el uno del otro. No martiricéis a vuestros hijos con la frialdad. Los pollitos tienen que crecer en el calor del hogar, y el calor del hogar es el cariño, la comprensión.
 
15.- Que nunca os vean vuestros hijos mentir, hablar con brusquedades, decir palabras feas… Vosotros seréis los maestros de vuestros hijos, y si no sois buenos maestros creareis pequeños monstruitos llenos de odios y rencores. Si os ven perdonar ellos perdonaran, si os ven amar ellos amaran… Y nunca pongáis a los hijos en contra del otro, eso es una locura que trastorna a los niños. Los padres tienen que ser una sola educación, una sola directriz, un solo plan… Las deliberaciones en la intimidad. A los hijos razones claras y firmes.
 
16.- Nunca hablad con vuestras respectivas familias de vuestros problemas o situaciones matrimoniales, ni con los amigos. Las cosas del matrimonio y el hogar, en casa se queda. Si no, luego corre peligro la unión del matrimonio con el resto de familia y amigos. La familia y los amigos son para quererlos no para desahogarnos con ellos sobre los problemas de la intimidad del hogar. Tened un padre espiritual que os ayude en los problemas.
 
17.- Sed un matrimonio generoso. No pongáis medios anticonceptivos en vuestra relación conyugal, que eso pone muy triste al Señor. Asesoraros sobre los medios naturales. Y además, Dios bendice a las familias con cada hijo que llega. No tengáis miedo, sed valientes y Dios os recompensará. Nunca os faltará lo necesario. Rezad y ofreced muchos sacrificios para que se dejen de cometer los abortos, que son crueles asesinatos que dañan mucho el corazón del Señor y la Virgen.
 
18.- La Salvación de vuestro hogar se juega en gran parte en que seáis un hombre y una mujer de Dios, nunca dejéis de rezar por la conversión de cada uno de los que formáis el hogar.
 
19.- Que siempre crezcan vuestros hijos sabiendo que sus padres ejercitaban la caridad con los más pobre, los enfermos… los más débiles. Bendecid siempre la mesa antes de comer: SEÑOR BENDICE ESTOS ALIMENTOS Y A QUIENES LOS HAN PREPARADO, DALE PAN A LOS QUE TIENEN HAMBRE Y DANOS HAMBRE DE TI A LOS QUE TENEMOS PAN. POR JESUCRISTO NUESTRO SEÑOR. AMÉN.
 
20.- Sed positivos, alegres. No critiquéis. Amad a vuestros enemigos y perdonadlos con el perdón del Señor.
 
21.- En la circunstancias difíciles, cuando las cosas cuestan sacrificio… Ofrécelo al Señor y a la Virgen: Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores, por las benditas almas del purgatorio, por la santidad de los sacerdotes, por las familias cristianas y en reparación por los pecados cometidos contra tu Sagrado corazón y el Inmaculado Corazón de María.
 
22.- Cuando nos faltan las fuerzas para llevar a acabo algún trabajo, alguna penitencia, alguna abnegación: POR TU GRACIA SEÑOR Y CON LA FUERZA DE TU ESPÍRITU SANTO… Que yo pueda hacer tal cosa, que yo pueda soportar esa otra…
 
23.- Recordad que cada día en esta tierra nos estamos jugando el cielo o el infierno, no tenemos más tiempo que el que pasemos en esta tierra para decidir donde pasaremos toda la eternidad.

lunes, 17 de abril de 2017

FAMILIA: EL MATRIMONIO, UNA AVENTURA COTIDIANA


Familia : El matrimonio, una aventura cotidiana




La mayoría de los matrimonios nos esforzamos en sacar adelante, la gran aventura cotidiana de la convivencia con sus nubes y sus soles; sus tormentas y bonanzas; a pesar de los golpes que nos presenta la sociedad con un sistema materialista, hedonista, y superfluo que lucha con llevarse por delante a la familia, con desmerecerla y mancharla.

Esta sociedad contraria al matrimonio, ¡se puede cambiar!, cuando haya suficiente cantidad de matrimonios que estén dispuestos a sacar adelante sus proyectos de familia, con un alto nivel de excelencia. En nuestras manos está el poder cambiar la sociedad, y engendrar un mundo nuevo para nuestros hijos.

Les narraré una historia que leí, una de esas noches de insomnio (la lectura es mi pasatiempo favorito, a pesar que pocas veces la puedo disfrutar por mi falta de tiempo) y decía así:

“En un país cualquiera, apareció un día un profeta, con la loca pretensión de cambiar las costumbres de las gentes. Recorría pueblos y ciudades reuniendo a hombres, mujeres y niños, en el centro de la plaza. Al principio, la novedad y su porte un tanto estrafalario atraía a los curiosos.

Pero, tan pronto exponía las exigencias de su programa, aunque eran muy atractivas y valientes, la concurrencia iba descendiendo. No le importaba: seguía, cada vez con más fuerza.

Pasaban los días y, a pesar de sus gritos, cada vez le escuchaba menos gente. Por fin, se encontró solo en medio de la plaza, mientras repetía su mensaje una y otra vez, con mayor entusiasmo que al principio.

Cuando transcurrieron tres días de discurso, sin otro eco que el de las paredes, alguien se le acercó para preguntarle:
- ¿Se puede saber por qué sigues gritando? ¿No ves que la gente no esta dispuesta a cambiar?
- Sigo gritando –dijo el profeta- porque si me callara, ellos me cambiarían a mi.”

Me puse a pensar que así es cada matrimonio, como este profeta del cuento, pero sin otro mensaje y otro grito que el de su propio matrimonio, su propio testimonio, su propia historia. Vale la pena jugarse la vida en el matrimonio y les habla alguien que ya esta por cumplir trece años de casada.

Nuestra sociedad nos pide que todo esté asegurado para un mejor futuro y bienestar económico. Les cuento que la mejor póliza de seguro sobrenatural para proteger los riesgos de la vida conyugal es la gracia sacramental y la cuota de esta póliza es el espíritu cristiano.

Cuanto mayor sea nuestra cuota, más garantías de éxito tiene este seguro. Con qué alegría , satisfacción , y orgullo para nuestros hijos que en nuestros hogares, sus padres podamos mirarnos a los ojos con un amor limpio, puro, madurado por el tiempo de una convivencia donde se vive el respeto mutuo, la compresión, el compañerismo que se fue afianzando en las luchas de todos los días , con su alegría y sus tristezas. Escuchar que sus padres dicen uno del otro: él, que ella es una santa, la única, con quien estaría dispuesto a volver a casarse si tuviera que hacerlo; y ella, que como él no hay otro hombre sobre la tierra, asegurando de mil formas y contando casos concretos de sacrificios que hizo por su familia.

¡Que póliza más segura!, qué diferente serán esas parejas en su vejez, y esos niños cuando sean adultos en la sociedad, ¡qué cambios otorgarán!

Hay que aprender a nadar contracorriente con fuerzas, sin miedo, con buen humor, simpatía, y mucha ilusión. No tengamos miedo de mostrar a nuestros hijos que nos queremos, que nos respetamos y comprendemos.

A no tener miedo de nuestro amor generoso y no bajemos la cabeza por vergüenza cuando se tienen más de tres hijos por temor a que nos llamen ignorantes, locos o irresponsables. Aun dentro de nuestra propia familia de sangre, ni que decir con nuestros amigos. No ofendemos a nadie, no pedimos nada, al contrario, ¡estamos dando!, porque gracias a nuestros hijos y a lo que ellos produzcan con su trabajo el día de mañana se podrá sostener el país y ellos/as podrán sostenerse en su vejez.

Es que esta sociedad, materialista, individualista, nos quiere sumergir en un clima de seguridad, en que todo debemos de tener bien asegurado y no darnos el lujo del posible riesgo de perder parcelas de bienestar, de comodidad. Pero… la vida es insegura y ese carácter, es la que la hace más atractiva, ágil y dichosa.

Somos rebeldes porque nos hemos negado a convertirnos en unas máquinas, nadamos contracorriente: cuidamos de la vida espiritual de nuestros hijos y no solo nos limitamos a alimentarlos, a cuidar su cuerpo, y mente. Sino a enseñarles con el ejemplo, (porque las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra) a ser pudorosos, a ser leales, honestos, generosos y fuertes.

No tenemos vergüenza, de contar a nuestros amigos, o compañeros de trabajo, que cuando más a gusto lo pasamos, es cuando nos damos una escapadita y nos vamos a cenar solos aunque llevemos trece años de casados.

Los comentarios que genera la llegada de un nuevo hijo a la familia ¡cuando ya hay seis anteriores! y te califican de locos, creo que aun salimos bien parados, porque no nos califican de tontos, que puede ser más insultante. Y lo más curioso que estas lindezas las recibimos de amigos que nos quieren.

Y les comprendemos porque son de los que piensan que no conocemos de todos los trucos para limitar la fecundidad, pues eso es sólo materia reservada para gente muy lista. O que piensan que soy de goma y que me da lo mismo pasar nueve meses con ciertas limitaciones y noches de insomnio, hasta que logramos que cada chico este durmiendo tranquilo en su cama.

O que piensen que somos unos inconscientes y no nos damos cuenta de la cantidad de malos ratos que vamos a tener en la vida cuando se aplacen, o lleguen tarde a casa, o nos contesten de mala manera.

No tenemos miedo, porque tenemos asegurada nuestra póliza y pagamos la cuota más cara. Hay que mirarles con comprensión porque lo que a nosotros nos sobra a ellos les falta, y solo miran la vida de una forma sensual y material.

No se imaginan que un niño, es una persona infinitamente más valiosa que todos los sacrificios y malos ratos que puedan suponer. Que traer al mundo a alguien que puede querer y ser querido, el verlo crecer y madurar no tiene comparación a ningún espectáculo de la naturaleza, ahora que se habla mucho del respeto a la ecología.

El comunicar sentimientos, compartir alegrías y tristezas con alguien que es tan tuyo y a la vez tan diferente como lo es un hijo.

Hay que ser originales, y no ponernos dentro del montón, dedicándonos a repetir las viejas bromas sobre lo aburrido que es el matrimonio. Debemos gritar a voces la gran noticia de que somos felicísimos habiéndonos casado con aquella persona y que no lo cambiaríamos por nada del mundo, a pesar de sus defectos y limitaciones. Si a ellos no le gusta que se pierdan ellos y se queden rumiando en su egoísmo y envidia.

No quiero sermonear a nadie, ni creo que mi matrimonio y mi familia sean perfectos. Lo que si creo, que así como mi matrimonio existen otros muchos que luchan día a día y viven esta gran aventura.

A ellos me dirijo y les digo que no hay que tener vergüenza ni miedo en ir contra corriente y de mostrar al mundo entero, a nuestra sociedad, con naturalidad, lo felices que somos; no por no carecer de nada, que es una felicidad corporal de animales satisfechos.

Sino de esa felicidad espiritual, de paz, comprensión, ayuda mutua, de cariño desinteresado, de sufrimiento mutuo, el de saber sobrellevar los defectos, el arte de perdonar y olvidar. Esa verdadera felicidad que aquí en la tierra se puede gozar y nadie te puede arrebatar.

Como lo dice la Sagrada Escritura en su libro del Eclesiastés (4-9,12) “Más valen dos que uno, pues mayor provecho obtienen de su trabajo. Y si uno de ellos cae, el otro lo levanta. ¡Pero ay del que cae estando solo, pues no habrá quien lo levante! Además, si dos se acuestan juntos, uno a otro se calientan; pero uno solo, ¿cómo va a entrar en calor? Uno puede ser vencido, pero dos podrán resistir”.

Con un grupo de hombres y mujeres que se quieran con locura, animados a estar cada día mas enamorados -a pesar de todos los pesares- y esforzándose en quitar adelante su familia, con grandes ideales, sin miedo al futuro por más incierto que se presente y confiando en la Providencia Divina que nos asegura que la cuerda de tres hilos no se rompen fácilmente (EC 4-12), o “Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su esposa, y los dos serán una sola persona. Así que ya no son dos sino uno solo. De modo que el hombre no puede separar lo que Dios ha unido”.(MT 19-5,6), o “No se preocupen por lo que han de comer o beber para vivir, ni por la ropa que necesitan para el cuerpo. ¿No vale más la vida que la comida y el cuerpo más que la ropa? Miren las aves que vuelan por el aire: no siembran ni cosechan ni guardan las cosechas en los graneros; y sin embargo el Padre de ustedes que esta en el Cielo les da de comer.¡Y ustedes valen más que las aves del cielo! .

¡Vale la pena!, nuestro matrimonio y nuestras familias. Debemos mostrar al mundo nuestro amor y felicidad. No ser conformistas, y sentirnos menos de los que por el motivo que sea vieron naufragar su matrimonio, y hacen correr a grandes voces que el estado matrimonial es triste, monótono y viven pensando en su pasado de soltería, o creándose falsas ilusiones de que si se hubieran casado con aquella u otra persona, menos con su cónyuge serían más felices… yo les diría, sin ánimo de juzgar a nadie que : “la fórmula para ser infelices, consiste en dedicar los tiempos libres en pensar que uno no es feliz”, o envidiando la felicidad ajena, que como ya no la tienen se dedican a ridiculizarla, infamarla, o criticarla.

Podemos cambiar nuestra sociedad con nuestros testimonios, y volver a darle al matrimonio el lugar que se merece. El ser la institución más valorada, por ser el origen y principio de toda sociedad y cultura.

Espero que les haya gustado estos pensamientos, que los dedico a mis grandes amores a Hugo mi marido, con el que me volvería a casar y por quien digo que el matrimonio merece la pena vivirlo, a mis siete hijos a quienes les digo: que les quiero con locura y que cada uno de ustedes son únicos, porque cada uno de ustedes tienen, sus propios encantos que no lo cambiaria por nada del mundo y estoy muy orgullosa de ustedes.

Liliana Sánchez de Acosta

viernes, 24 de febrero de 2017

MATRIMONIO Y DIVORCIO


Matrimonio y divorcio
El cambio de cónyuge da la ilusión de una renovación, pero no es más que un nuevo comienzo destinado a fracasar con el mismo obstáculo de siempre el egoísmo, la pereza, la esterilidad de los que son infieles.


Por: Padre Nicolás Schwizer | Fuente: Retiros y homilías del Padre Nicolás Schwizer 




…por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre…

En el tiempo de Jesús, ningún judío cuestionaba el derecho de divorciarse, ya que Moisés lo había permitido. Lo que los rabinos de aquel entonces discutían eran los motivos del divorcio: si bastaba con que la mujer dejara quemar la comida o que el marido encontrara a otra más bella.

En todo caso, el divorcio era concedido con mucha facilidad. La moral farisea estaba montada sobre la no confesada inferioridad de la mujer, que era considerada una propiedad del varón. Frente a este legalismo farisaico el Señor plantea el proyecto original de Dios, tal como está descrito en el Génesis. La unión de varón y mujer expresa la plenitud y felicidad humana.

Creo que nuestra época tiene más necesidad de meditar este Evangelio que las anteriores. Porque en él, Jesús afirma solemnemente el carácter del matrimonio y la unidad indisoluble de los esposos. Y no se trata de una ley impuesta a los esposos. Más bien traza el camino de la felicidad humana: revela que la relación conyugal y familiar es una fuente inagotable de creación y de gozo.

El cambio de cónyuge da la ilusión de una renovación, pero no es más que un nuevo comienzo destinado a fracasar con el mismo obstáculo de siempre el egoísmo, la pereza, la esterilidad de los que son infieles.

Muchas veces la indisolubilidad del matrimonio se entiende y se vive como una obligación, la que limita la libertad de los esposos. Pero Cristo ha abolido la “ley” y ha dado la vida, al oponerse al libertinaje “legal” de los judíos. No inventó ninguna obligación nueva. Lo único que hizo fue expresar el anhelo profundo del amor.

Porque todo amor auténtico quiere ser eterno, crea una fidelidad, exige un compromiso, aspira a un descubrimiento, pretende no terminar nunca, quiere crecer y desarrollarse sin fin.
Nadie que ame verdaderamente pone plazo. No existe un amor por cuotas o por tiempos. Y, por eso, tenemos que cultivar diariamente el amor, tenemos que renovarlo permanentemente.

El verdadero sentido de la indisolubilidad no es por eso, prohibir una separación. Su valor es plenamente positivo: nunca jamás se acabarán da conocer y de amar. La naturaleza del amor y del matrimonio consiste en desarrollarse indefinidamente y en renovarse sin cesar. Cuando un ser humano empieza a ser amado a empieza a cambiar, a florecer, a descubrirse y a desplegarse sin agotar sus recursos.

Ya el Padre José Kentenich, fundador del Movimiento de Schoenstatt lo decía cuando definió la fidelidad como: “conservación lozana y creadora del primer amor”. Y se refirió no sólo al amor conyugal, sino a toda forma de amor: amor paternal, maternal, filial, fraternal…

Todos los días hay que trabajar para crear el matrimonio. La indisolubilidad no es una almohada sobre la que puedan dormirse los esposos, sino una llamada a renovar y vivificar cada día su amor.

Queridos hermanos, les invito a renovar los grandes amores de su vida: amor a la familia, al cónyuge, a los hijos, a los hermanos naturales y hermanos de comunidad.

Preguntas para la reflexión

1. ¿Estoy decidido a luchar todos los días por el matrimonio?
2. ¿Qué opino de la indisolubilidad del matrimonio?
3. ¿Cómo fortalecemos el amor en la familia?

sábado, 4 de febrero de 2017

SI ME AMAS, DEMUÉSTRAMELO, CÁSATE CONMIGO


Si me amas, ¡demuéstramelo: cásate conmigo!
compromiso del matrimonio trasciende a una ceremonia, es cierto. Pero también es verdad que la decisión de tomar este compromiso, visible y palpablemente, frente a la sociedad, es muestra de la importancia que le damos.


Por: Adolfo Güémez | Fuente: Analisis y Actualidad 




¿Vale la pena seguir casándose por la Iglesia? En pocas palabras: ¡Sí, pero sólo si tienen fe y se casan por amor!

Casarse por la Iglesia no es un rito formal, puramente cultural, sino una manera excelente de encauzar la estabilidad y el crecimiento del amor de pareja.

El compromiso del matrimonio trasciende a una ceremonia, es cierto. Pero también es verdad que la decisión de tomar este compromiso, visible y palpablemente, frente a la sociedad, es muestra de la importancia que le damos.

A través del matrimonio, los novios le dicen a Dios y al mundo que su amor va en serio. Que desean superar el egoísmo, y que están dispuestos a pertenecerse el uno al otro por el resto de sus vidas. ¿Hay algo más romántico que esto?

En las uniones libres, los individuos quedan desprotegidos y el compromiso se diluye, corriendo el riesgo de no luchar lo suficiente para sacar adelante la relación.

En el matrimonio, en cambio, el compromiso es total, y conlleva la maduración del cariño, optando siempre por el otro, por defender el amor. En él se dan las condiciones para que el amor crezca en solidez y profundidad, haciéndolo realidad en la vida diaria.

Elegir casarse es la expresión del deseo de convertir dos caminos en uno solo. ¡Y de jamás separarlos, pase lo que pase!

Dice el papa Francisco que «el rechazo de asumir este compromiso es egoísta, interesado, mezquino, no acaba de reconocer los derechos del otro y no termina de presentarlo a la sociedad como digno de ser amado incondicionalmente».

Por eso no se trata de modas. ¡El matrimonio está inscrito en la naturaleza misma del amor!

Es verdad que casarse se ha convertido en un deporte de alto riesgo. No soy ciego ante la cantidad de divorcios que se están dando en los primerísimos años de casados. Pero, ¿podemos aceptar conformarnos con menos? ¿Puede el amor verdadero no buscar un compromiso para toda la vida? ¿Puede haber amores momentáneos?

La única manera de no divorciarse es no teniendo al divorcio como opción. Darle al otro un sí en el que siempre podrá confiar, sin restricciones ni letras chicas. Comprometerse a estar siempre a su lado, a que nunca será abandonado, aun cuando pierda su atractivo, haya problemas o se presenten nuevas opciones de placer.

La frase de todo hombre y mujer enamorados debería de ser: «Si me amas, ¡demuéstramelo: cásate conmigo!».

sábado, 21 de enero de 2017

CUÁLES SON LAS CLAVES DEL ÉXITO DE UN MATRIMONIO?


¿Cuáles son las claves del éxito de un matrimonio? El Papa Francisco responde
Por Miguel Pérez Pichel
 Foto: Daniel Ibáñez (ACI Prensa)
 (ACI).- La importante relación entre fe y matrimonio centró el discurso del Papa Francisco ante el Tribunal de la Rota Romana con ocasión de la inauguración del año judicial. Ante los Prelados Auditores, Oficiales, Abogados y Colaboradores del Tribunal, el Pontífice advirtió de los peligros que acechan a los esposos jóvenes en la sociedad actual y señaló que para afrontar esos peligros, se debe recurrir a este remedio: la formación antes y después de la boda.

“No podemos ignorar el hecho de que una mentalidad generalizada oscurece el acceso a las verdades eternas. Una mentalidad que, a menudo y de forma amplia y generalizada, afecta a las actitudes y comportamientos de los cristianos, cuya fe se debilita y pierde la originalidad de criterio interpretativo y operativo para el ser personal, familiar y social. Este contexto, la carencia de valores religiosos y de fe, no puede ser que condicione también el consentimiento matrimonial”.


El remedio a esta situación, explicó el Santo Padre, tiene dos claves: formación antes del matrimonio y formación durante el matrimonio.

Formación antes del matrimonio
En la formación de los jóvenes futuros esposos, “mediante un adecuado camino de preparación dirigido a descubrir el matrimonio y la familia según el plan de Dios, se trata de ayudar a los futuros esposos a acoger y disfrutar la gracia, la belleza y la alegría del amor verdadero”, señaló el Papa Francisco. “Hoy, más que nunca, esta preparación se presenta como una verdadera ocasión de evangelización”.

Para ello, Francisco reiteró “la necesidad de un nuevo catecumenado de preparación para el matrimonio”. El Pontífice llamó a dar una mayor importancia a los grupos de preparación al matrimonio, a preocuparse por profundizar en el “itinerario de preparación al sacramento del matrimonio”, para que los futuros esposos crezcan humanamente, “pero sobre todo en la fe”.

Para el Papa, el propósito fundamental del encuentro formativo con los futuros esposos es “ayudar a las parejas comprometidas a lograr una inserción progresiva en el misterio de Cristo, en la Iglesia y con la Iglesia. Eso exige una progresiva maduración en la fe a través del anuncio de la Palabra de Dios y de la adhesión generosa a Cristo. El propósito de esta preparación es ayudar a los futuros esposos a conocerse y a vivir la realidad del matrimonio que pretenden celebrar, para que puedan hacerlo no sólo de forma válida y lícita, sino también de forma fructífera, y para que estén disponibles a hacer de esta celebración una etapa de su camino de fe”.

“Para realizar todo esto, son necesarias personas con competencias concretas y preparadas de forma adecuada para realizar dicho servicio, con las necesarias sinergias entre sacerdotes y matrimonios”, indicó.

Formación durante el matrimonio
El Papa dijo que tras la boda se debe “ayudar a los nuevos esposos a proseguir el camino en la fe y en la Iglesia”, de iniciar un camino de formación permanente. “Es necesario identificar, con coraje y creatividad, un proyecto de formación para los esposos jóvenes, con iniciativas destinadas a aumentar la sensibilización del sacramento recibido. Se trata de animarles a considerar los muchos aspectos de la cotidianidad de su vida en común, que es signo e instrumento del amor de Dios encarnado en la historia de los hombres”.

“La comunidad cristiana está llamada a acoger, acompañar y ayudar a los jóvenes matrimonios, ofreciéndoles ocasiones e instrumentos adecuados para alimentar su vida espiritual tanto dentro de su vida familiar como en el ámbito de la programación pastoral en la parroquia”, recordó el Santo Padre.

Dijo que “es necesarios, en estos primeros momentos de la vida familiar, garantizar una mayor cercanía un fuerte apoyo espiritual, también en la obra educativa de los hijos, ante los cuales, los padres son los primeros testigos y portadores del don de la fe”.
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