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lunes, 9 de abril de 2018

HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR ...


HOY CELEBRAMOS LA ANUNCIACIÓN, EL SÍ DE MARÍA


¡Hoy celebramos la Anunciación! El “Sí” de una mujer que cambió la historia
POR ABEL CAMASCA | ACI Prensa




 ¡Hoy celebramos la Anunciación! El “Sí” de una mujer que cambió la historia


Cada año la Iglesia celebra la Solemnidad de la Anunciación. Un día como hoy la historia de la humanidad cambió cuando María dio su “Sí” valiente a Dios, concibiendo desde aquel momento a Jesús y convirtiéndose en protectora del Niño que un día nacería y salvaría con amor al mundo.

“‘El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible’. María contestó: ‘Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra’. Y la dejó el ángel” (Lc. 1, 35 - 38).

La Solemnidad de la Anunciación se celebra nueve meses antes de la Navidad. Si se analiza la historia, María “no la tuvo fácil”. Ella estaba comprometida con José y ciertamente esta decisión de concebir al Hijo de Dios trajo inestabilidad.

Tanto así que el justo José decidió repudiarla en secreto para que los dos no tuvieran muchos problemas. María, además, era joven y pobre, pero confiaba en la Providencia de Dios.


Por lo tanto el Señor interviene y el ángel en sueños le habla a José, quien acepta el plan de Dios, obteniendo así el privilegio de ser padre de Jesús en la tierra y de formar la Sagrada Familia con María.

En el Evangelio de hoy (Lc. 1, 26-38) se aprecia el diálogo del mensajero de Dios con la Virgen. No fue una imposición sino una propuesta a la que María pudo haber dicho no. Pero la “bendita entre las mujeres” aceptó y se produjo el milagro de Encarnación del Hijo de Dios.

Desde aquel momento María tuvo en su vientre a Jesús, no a los tres meses o cuando el embrión tenía forma humana, sino desde el momento de la concepción. He aquí una razón más por la que la Iglesia defiende al bebé desde el primer instante de su vida.

IMÁGENES DE LA ANUNCIACIÓN A MARÍA























MARÍA, UNA MISIÓN Y UNA RESPUESTA


María, una misión y una respuesta
La misión de María estaba en el pensamiento de Dios desde siempre, desde toda la eternidad.


Por: P. Jorge Loring | Fuente: Pa que te salves 




Muchas veces, escuchamos a personas que hablan de María, cómo si fuera alguien muy distinto a nosotros y por lo tanto, alguien a quien no se puede imitar porque está muy lejos de ser una persona como cualquiera de nosotros. Resulta ser todo lo contrario, a María la debemos imitar todos.

María era una persona, igual a cada uno de nosotros, no sabía que era una criatura excepcional y le costaba hacer las cosas, igual que a cualquiera. Y nosotros podemos encontrar en ella muchas cosas que imitar.

En muchos lugares del mundo su persona es tan ignorada que hay iglesias que no tienen ni una sola imagen de Ella.


La Iglesia nos enseña

María vivía en Nazaret, en Galilea, sus papás eran Ana y Joaquín. Su infancia transcurrió como la de cualquier otra niña, no hubo nada espectacular. Durante su niñez hacía todo lo que hace una niña.

María siempre escuchaba a sus padres. Ella aprendía las cosas de Dios por medio de ellos, sabía, porque sus papás se lo habían dicho, que el Mesías tenía que venir para salvar a los hombres. Así lo había prometido Dios a Adán y Eva después del pecado original. Que vendría un hombre que iba a vencer el pecado. María tenía mucha fe, lo estaba esperando, pero lo que no sabía era que Dios la había escogido a ella para ser la Madre del Mesías. Al llegar a ser una jovencita tomó la decisión de consagrar su vida a Dios, dedicarse por completo a Él.

La misión de María estaba en el pensamiento de Dios desde siempre, desde toda la eternidad, Él escogió a esta joven judía que vivía en Nazaret en Galilea, para que fuera la Madre de su Hijo. Escogió a “una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María”. (Lc 1, 26-27).

En aquella época, en el pueblo judío, estaba muy mal visto que una mujer no se casara. De ahí que María con sus quince años, ya estaba desposada con José, el carpintero. El estar desposada, significaba que estaba prometida, no que ya estaba casada. Pero, en el fondo de su corazón, su mayor anhelo era ponerse al servicio del Señor.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice en el no. 490:
Que para ser Madre de Dios, María fue “dotada con dones a la medida de su misión”. Ella tenía que ser una criatura muy especial.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice en el no. 492:
El Padre la “bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo” (Ef. 1, 3). Él la ha “elegido en él, antes de la creación del mundo por ser santa e inmaculada en su presencia, en el amor” (Ef.1, 4). Podemos afirmar que María fue objeto de la predilección divina. Desde antes de nacer, Dios encontró en Ella un encanto o simpatía muy especial.


El Anuncio del Ángel

En el momento que se le presenta el Ángel Gabriel, ¿qué estaría haciendo María?. Podemos imaginar que se encontraba en un momento de intimidad con Dios. ¿Qué estaría pensando?, ¿cuáles serían sus sentimientos en esos precisos instantes?. ¿Dónde se encontraría?. Lo que sí sabemos es que desde ese momento la vida de esa jovencita cambió para siempre.

Muchos autores que describen este momento, nos presentan a María en oración o con un libro entre las manos. El Evangelio deja amplia libertad a nuestra imaginación. Solamente nos dice que Dios envía a su ángel y que éste se presenta a María.

No importa que estaba haciendo la Virgen. De repente... ¡Salve, llena de gracia!

Lucas nos narra esa visita del Ángel: “Al sexto mes fue enviado por Dios a una ciudad Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con hombre llamado José, de la casa de David, el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Ella se conturbó por estas palabras y discurría que significaba ese saludo. El ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin”. (1, 26-33)


¿A qué la llama Dios?

Dios la está llamando en medio de su quehacer diario, en un día como otro cualquiera para darle un regalo, un don sin precio, un tesoro de más valor que cualquier otra cosa del mundo y más bello que nada. La estaba invitando a ser parte junto a Él en la obra de la salvación. Cuando menos se lo esperaba María, la invita a la misión más insospechada.

María oyó la invitación y en lo profundo de su alma sabía que venía de Dios. Sin embargo, también escuchó la voz del miedo, el temor a lo desconocido, a lo que iba a encontrar al otro lado de la montaña. No veía el camino para llegar allí, ignoraba lo que podía suceder.

Allí estaba María en su cuarto o donde fuera. ¿Intuyó quizás las implicaciones de su respuesta? Posiblemente no se daba cuenta de que en ese momento preciso, la historia de la salvación dependía de ella, pero algo alcanza a vislumbrar el plan maravilloso de Dios.

La joven siente miedo, no entiende lo que le dicen, el ángel le dice que no tema, que el Señor está con Ella. Estas palabras le bastan a María, pues confía plenamente en el Señor. María nunca fue una mujer pasiva, no era conformista, sino que era una mujer de acción. Por eso, duda y le pregunta al ángel ¿cómo puede ser esto, si yo no conozco varón?


Respuesta de María

Ante la respuesta del ángel, sin detenerse a pensar en el sufrimiento que le espera. Con un corazón grandísimo, lleno de amor, y segura que para Dios todo es posible, dice. “He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra”. Dio su consentimiento.

Ella no regateó el precio, no puso condiciones, ni fue a preguntar la opinión de los de su pueblo. Dice ¡Sí!. El llamado de Dios es demasiado hermoso como para andar escatimando sacrificios. María contempló el don, lo meditó, como siempre hacía, en su corazón enamorado y se entregó con entusiasmo al plan que Dios le propuso.

Al dar su sí, María acababa de confiar el volante de su vida a Dios. Comenzaba para ella un viaje maravilloso por tierras nunca vistas. Pero un viaje en el que no iba a contar con otra luz que la que Dios le da, la fe.

Con esta luz comprendió que el que la llamaba era Él, Dios. Y si Él la llamó, ¿qué podía temer? No hay obstáculo demasiado grande para Dios. Es cierto no conocía el camino, tampoco las piedras que la estarán esperando por el camino... pero ¿con tan buena compañía, que le podía suceder?

Después de decir el primer sí, de muchos que a lo largo de su vida tendría que decir, María llegó a la segunda etapa de su viaje: a partir de ahora se tratará de cumplir el plan de Dios en su vida tal como se le irá presentando a cada hora, a cada minuto. Siempre. Tarea difícil, sin duda, pero nada hay imposible para el que camina junto a Dios...

El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice en el no. 494:
María aceptó de todo corazón la voluntad divina de salvación y se entregó a sí misma por entero a la persona y a la obra de su Hijo, al Misterio de la Redención.

María pudo dar su sí por su obediencia a la fe. Durante toda su vida, su fe no vaciló. Nunca dejó de creer. Ella es un ejemplo para nosotros de fe.


¿Cuál fue la actitud de María después de que se marchó el ángel?

María siguió siendo la misma, no le dijo nada a nadie. Ella, siguió como si nada. Es más, emprendió el viaje para visitar a su prima Isabel y poderla ayudar. Otra vez, vemos como María no regatea en esfuerzos, no pensó en su estado, sólo pensó en ayudar y servir a su prima.

La Virgen es para cada hombre o mujer, el modelo más acabado de amor a Jesucristo, de dedicación a su servicio, de colaboración con su obra redentora. Y nuestra misión no es diferente. Es preciso tener la docilidad y entrega total de Ella para aceptar y vivir con todas sus consecuencias la misión para la que Jesucristo nos ha llamado.


¡Cuida tu fe!

Para cuidar nuestra fe hay que profundizar en ella. Conocerla lo mejor posible. De esta manera cuando alguien trate de meternos ideas que van contra ella, tendremos todas las armas para defendernos. En la medida que imitemos a María seremos capaces de ser firmes ante estas ideas.

viernes, 24 de marzo de 2017

6 COSAS QUE DEBE SABER SOBRE LA SOLEMNIDAD DE LA ANUNCIACIÓN


6 cosas que debe saber sobre la Solemnidad de la Anunciación
Por Diego López Marina
Solemnidad de la Anunciación / ACI Prensa




 (ACI).- Cada 25 de marzo celebramos la solemnidad de la Anunciación. Es decir, cuando el Arcángel Gabriel apareció ante la Virgen María para anunciar el nacimiento de Cristo. ¿Por qué es importante este día? 


1. ¿Qué significa la palabra “Anunciación”?
Se deriva de la misma raíz que la palabra "anunciar". El ángel Gabriel anuncia el nacimiento de Cristo con antelación. "Anunciación" es simplemente una manera antigua de decir "el anuncio".

Aunque este término suele aplicarse al nacimiento de Cristo, se puede utilizar también en otros casos. Por ejemplo, en su libro “La infancia de Jesús”, Benedicto XVI tiene secciones como "La anunciación del nacimiento de Juan" y "La anunciación a María" porque el nacimiento de Juan Bautista también se anunció con antelación.

2. ¿Cuándo se celebra la Anunciación y por qué a veces se cambia la fecha?
La solemnidad de la Anunciación se celebra el 25 de marzo, es decir nueve meses antes de Navidad (25 de diciembre), en representación de los nueve meses que pasó Jesús en el vientre materno.

Sin embargo, la Anunciación coincide a veces con Semana Santa, cuyos días tienen un rango litúrgico superior a esta solemnidad. Según el Misal Romano: “Cada vez que se produce esta solemnidad durante la Semana Santa, se transfiere al lunes siguiente al segundo domingo de Pascua”.

3. ¿Por qué esta historia es paralela al nacimiento de Juan Bautista?
El nacimiento de Juan el Bautista fue también anunciado con antelación. En ambas historias hay similitudes:

El ángel Gabriel hace el anuncio.

Se anuncia a una sola persona: Zacarías en el caso de Juan Bautista, y María en el caso de Jesús.

Se anuncia el nacimiento milagroso de un individuo que tiene un lugar prominente en el plan de Dios.

En ambos casos realizan una pregunta al ángel (Zacarías pregunta cómo puede saber si lo anunciado sucederá; María pregunta cómo va a suceder.

Una señal milagrosa es presentada como prueba (Zacarías se quedó mudo; a María se le informa del embarazo milagroso de Isabel, que se encuentra en su sexto mes).

Gabriel se aparta.


4. ¿Por qué la reacción de María es diferente a la de Zacarías?
A primera vista la reacción de María ante Gabriel podría parecerse a la reacción incrédula de Zacarías, pero es fundamentalmente diferente:

Zacarías preguntó cómo podía saber si lo que decía el ángel sería verdad. Su actitud era de escepticismo.

María, en cambio, se pregunta cómo se cumplirán las palabras del ángel. Su actitud es de una fe que busca comprender.


5. ¿Cómo responde el Arcángel Gabriel a la pregunta de María?
Gabriel le dice: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios”.

Aquí el ángel indica la participación de las tres Personas de la Santísima Trinidad: a través de la acción del Espíritu Santo, el Padre hace que el Hijo sea concebido en forma humana. No habrá ningún padre humano, dejando claro el hecho de que el Niño va a ser el Hijo de Dios.

Como un ejemplo más del poder de Dios, el ángel acota que Isabel, aunque anciana y aparentemente estéril, ha concebido milagrosamente un hijo y está en el sexto mes de embarazo. "Para Dios no hay nada imposible".


6. ¿Por qué el “Sí” de María es importante?
La aceptación de María de este papel es trascendental porque ella será la Madre del Hijo de Dios. A pesar de los sufrimientos, en sus diversas formas, ella se colocó por completo al servicio de la voluntad de Dios convirtiéndose en protectora del Niño que un día nacería y salvaría con amor al mundo.



Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en National Catholic Register.

miércoles, 25 de marzo de 2015

EL SÍ DE MARÍA, UN GRAN DÍA PARA LA HUMANIDAD


El sí de María, un gran día para la humanidad
El Misterio de amor y de misericordia, prometido al hombre miles de años atrás y anunciado por tantos profetas, se iba a hacer realidad.


Por: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net




La noche se alejó y la suave luz del amanecer empezó a iluminar un nuevo día. Un nuevo día que parecía como uno más pero que sería el DÍA de todos los días. El gran día para la Humanidad.

Fresca la mañana, limpia la brisa en ese día de días. Día de primavera, 25 de marzo. No hubo trompetas, no hubo cañonazos, no hubo concentración de millares de personas como en los grandes eventos. Fue discretamente, sencilla y naturalmente como suelen ser todas las cosas grandes de Dios.

Una virgen en oración. Un lugar: Nazaret, ciudad de Palestina y el arcángel Gabriel como embajador de Dios. Un saludo: - ¡Dios te salve María, llena eres de gracia! Y con este saludo, una petición de colaboración.

El Misterio de amor y de misericordia, prometido al género humano miles de años atrás y anunciado por tantos profetas, se iba a hacer realidad.

Creo yo que todo quedó en suspenso. La naturaleza, el aire, el universo en pleno tuvieron que contener su aliento vital en la espera de oír la respuesta de María. Los labios de la virgen se movieron, primero para aclarar una duda, pero una vez que esta fue disipada, volvió a hablar para dar su consentimiento a esa misión celestial.

María, la llena de gracia, aceptaba humildemente el Gran Designio para el que se le pedía su cooperación, sin envanecimiento porque sabía que la realeza y la gloria de su gracia pertenecían a Dios, venía de Dios.

Y María dijo: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según Tu Palabra".

Necesariamente tuvo que haber habido un estremecimiento en todo el orbe. Los cielos y la tierra, la creación entera tuvo que conmoverse en ese grandioso momento. Y en ese instante, de allá del Seno del Padre, el Espíritu Santo descendió y cubrió a la siempre virgen, a la llena de gracia, con su sombra y el Verbo de Dios quedó para siempre unido a la raza humana.

El Hijo de Dios, el Hijo de María daba comienzo a su vida de hombre, sin dejar de ser Dios, en el seno de esta mujer escogida por el Altísimo para cooperar, para cocrear con Dios con su libre consentimiento y ser desde el instante de este ¡Fiat!, corredentora de la Humanidad.

Después ... después pasaron muchas cosas. Todas las que estaban escritas, pero los cristianos no podemos, no debemos olvidar ese día, ese momento y mucho menos a la siempre virgen, a la llena de gracia, a María la Madre de Dios y Madre nuestra.

Por eso San Juan Pablo II tenía una muy especial devoción al "Ángelus", esa oración que se dice al comenzar el día, al tiempo del mediodía y cuando el día está en el ocaso:

"El ángel del Señor anunció a María"- "Y concibió por gracia del Espíritu Santo"- Y se reza un Ave María.

"He aquí la esclava del Señor"- "Hágase en mí según Tu Palabra"- Otra Ave María.

"Y el Verbo se hizo carne" - "Y habitó entre nosotros" y se termina con un Ave María.

Sencilla oración. Diario recuerdo amoroso a nuestra Madre la Virgen María.

Cuando esta bella oración del Ángelus se extienda por todo el mundo, cuando esto suceda... nuestro mundo será mejor.

IMÁGENES DE LA ANUNCIACIÓN DEL ÁNGEL A LA VIRGEN MARÍA























LA ANUNCIACIÓN DEL ÁNGEL A LA VIRGEN MARÍA, SOLEMNIDAD, 25 DE MARZO


La Anunciación del Ángel a la Virgen María
Solemnidad, 25 de marzo


Fuente: Archidiócesis de Madrid




Solemnidad

Martirologio Romano: Solemnidad de la Anunciación del Señor, cuando, en la ciudad de Nazaret, el ángel del Señor anunció a María: Concebirás y darás a luz un hijo, y se llamará Hijo del Altísimo. María contestó: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Y así, llegada la plenitud de los tiempos, el que era antes de los siglos el Unigénito Hijo de Dios, por nosotros los hombres y por nuestra salvación, se encarnó por obra del Espíritu Santo de María, la Virgen, y se hizo hombre.

La última fase de toda la apoteosis salvadora comenzó en Nazaret. Hubo intervenciones angélicas y sencillez asombrosa. Era la virgen o pártenos del Isaías viejo la destinataria del mensaje. Todo acabó en consuelo esperanzador para la humanidad que seguía en sus despistes crónicos e incurables. Los anawin tuvieron razones para hacer fiesta y dejarse por un día de ayunos; se había entrado en la recta final.

La iconografía de la Anunciación es, por copiosa, innumerable: Tanto pintores del Renacimiento como el veneciano Pennacchi la ponen en silla de oro y vestida de seda y brocado, dejando al pueblo en difusa lontananza. Gabriel suele aparecer con alas extendidas y también con frecuencia está presente el búcaro con azucenas, símbolo de pureza. Devotas y finas quedaron las pinturas del Giotto y Fra Angélico, de Leonardo da Vinci, de fray Lippi, de Cosa, de Sandro Botticelli, de Ferrer Bassa, de Van Eyck, de Matthias Grünewald, y de tantos más.

Pero probablemente sólo había gallinas picoteando al sol y grito de chiquillos juguetones, estancia oscura o patio quizá con un brocal de pozo; quizá, ajenos a la escena, estaba un perro tumbado a la sombra o un gato disfrutaba con su aseo individual; sólo dice el texto bíblico que "el ángel entró donde ella estaba".

Debió narrar la escena la misma María a san Lucas, el evangelista que la refiere en momento de intimidad.

Así fue como lo dijo Gabriel: "Salve, llena de gracia, el Señor es contigo". Aquel doncel refulgente, hecho de claridad celeste, debió conmoverla; por eso intervino "No temas, María, porque has hallado gracia ante de Dios; concebirás en tu seno y darás a luz un Hijo a quien pon-drás por nombre Jesús. Éste será grande: se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará por los siglos sobre la casa de Jacob y su reino no tendrá fin". La objeción la puso María con toda claridad: "¿Cómo será esto, pues no conozco varón?" No hacía falta que se entendiera todo; sólo era precisa la disposición interior. "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que nacerá será llamado santo, Hijo de Dios".

Luego vino la comunicación del milagro operado en la anciana y estéril Isabel que gesta en su sexto mes, porque "para Dios ninguna cosa es imposible".

Fiesta de Jesús que se encarnó -que no es ponerse rojo, sino que tomó carne y alma de hombre-; el Verbo eterno entró en ese momento histórico y en ese lugar geográfico determinado, ocultando su inmensidad.

Fiesta de la Virgen, que fue la que dijo "Hágase en mí según tu palabra". El "sí" de Santa María al irrepetible prodigio trascendental que depende de su aceptación, porque Dios no quiere hacerse hombre sin que su madre humana acepte libremente la maternidad.

Fiesta de los hombres por la solución del problema mayor. La humanidad, tan habituada a la larguísima serie de claudicaciones, cobardías, blasfemias, suciedad, idolatría, pecado y lodo donde se suelen revolcar los hombres, esperaba anhelante el aplastamiento de la cabeza de la serpiente.

Los retazos esperanzados de los profetas en la lenta y secular espera habían dejado de ser promesa y olían ya a cumplimiento al concebir del Espíritu Santo, justo nueve meses antes de la Navidad.

¡Cómo no! Cada uno puede poner imaginación en la escena narrada y contemplarla a su gusto; así lo hicieron los artistas que las plasmaron con arte, según les pareció.
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